miércoles, 9 de julio de 2008

Abulia

Y ante la flaqueza de los hombres, las excusas son bastas. Cualquiera es capaz de justificar su astenia, de encontrar innumerables argumentos que le permitan continuar como hasta hoy. Pero ¡ay! de aquellos que, teniendo grandes responsabilidades designadas desde antes de su nacimiento, han decidido llevar una vida de gandulería y contemplación.

Pobres serán todos los que, en pleno uso de su voluntad pero no de su inteligencia, se aferran a ideas mediocres que solo favorecen la vida cómoda y a propia displicencia. Pero pobre, aún más, será aquel que, creyendo ocupar sus pocas horas de vida en las cosas provechosas para el hombre, termine simplemente cayendo en la tentación demoniaca del activismo.

¡Cuanta desesperación causan aquellos que han malgastado sus vidas satisfaciendo antojos mundanos! Y sin embargo merecerán injustamente ser tratados con respeto y misericordia cuando sean llamados a rendir cuentas.

¡Qué ganas de ser el hombre bohemio y trovador! Un título que atrae miradas de mujeres pero aburre al mismo Dios. ¡Qué ganas de no tener ganas para creer, para entender, para amar!

Católico soy, y católico he de parecer. No me satisface entonces vivir una vida holgada, aturdido por las grandezas del mundo, por el contrario, buscaré los momentos más solitarios y estériles, aquellos donde las vanidades de este mundo no logran hacerse presentes y entonces, en la soledad que solo es verdadero silencio otorga, encontraré a aquél que ha de ser mi compañía, mi fortaleza, mi todo.